0000
Miércoles 28.10.2020  11:21
Usuarios

OK
Recordarme   ¿ Olvidó su clave ?
BUSQUEDA DE NOTICIAS
Texto: Fecha entre   y     Medio: Sección: Buscar

Recomendación enviada con éxito.
Cerrar
INTA
Argentina | Santa Fe | 17-09-2020

Traducir a :   Traducir
BIODIVERSIDAD
"Por sus beneficios la agroecología ganó terreno entre los profesionales"   
Especialistas del Inta y la Red de Técnicos en Agroecología del Litoral analizaron las bondades del sistema aplicado en Hersilia
La Capital de Rosario ( Argentina )
Para Marcelo Lovaisa, licenciado en trabajo social con posgrado en desarrollo rural y técnico de la Agencia de Extensión Rural Ceres del Inta, “lo que ocurrió en Hersilia es sumamente positivo. Hay muchos avances en cuanto a concientización y a la visibilidad, que genera un aporte no solo para la localidad sino para la región. Empieza a haber demandas a partir de que alguien escucha el caso. Se arma una dinámica que origina intriga a otro productor, de otra comunidad e, incluso, también hay que hacer un camino entre los técnicos. La agroecología como modelo de producción no pertenece al modelo hegemónico y por lo tanto siempre está en una especie de forcejeo constante. Es como armar una picada en medio de un matorral”, señaló el especialista en términos regionales y agregó que “paso a paso se va avanzando”.

“Hace años uno entraba al aula y el profesor fumaba, al igual que el 80 por ciento de los alumnos”, recordó Lovaisa y sentenció: “Si hoy entrás fumando a un aula te sacan a patadas en el traste. Qué pasó en el medio. Simplemente un proceso, digno de una tesis de sociología, que no evidencia las causas precisas, pero si el antes y el después. Con la agroecología se da el mismo fenómeno. Antes, éramos muy pocos los técnicos que hablábamos del tema, que trabajábamos en las huertas de traspatio y de autoconsumo de alimentos. Hoy está más difundido tal vez porque en algún momento fue política pública o por el trabajo hormiga en fueros académicos o en la práctica. También porque el sistema de cultivo predominante tiene falencias cada vez menos disimulables”.

“Muchísima gente se volcó a la agroecología sin saber siquiera qué era. Lo hizo porque se cayó del sistema y era lo único que sabían hacer. Experiencias de ese tipo se dieron por ejemplo en La Plata donde los productores del cinturón hortícola, si no tenían determinada escala que le permitiera acceder a los insumos que le impone el modelo agropecuario industrial, tenían que retirarse a poner un quiosco. Cuando escucharon a un técnico hablar de agroecología se abrazaron al modelo cual tabla de salvación para un náufrago”, contó y reflexionó: “Estas causas diseñaron una realidad totalmente distinta que estoy en condiciones de analizar porque recuerdo cómo era lo anterior. Pero las nuevas generaciones lo viven como un descubrimiento y quizás no puedan dimensionar que se avanzó mucho en este terreno”.

Para graficar el fenómeno, Lovaisa contó que recientemente participó de una reunión en la que un propietario de campo, que responde al prototipo de productor mixto (lechero y agrícola) del departamento San Cristóbal, su socio -que además tiene dos máquinas para aplicar agroquímicos- y un ingeniero agrónomo jubilado le pidieron que los asesore para comenzar un emprendimiento agroecológico. “Me sorprendí porque esos interlocutores nunca hubieran pedido ayuda para una iniciativa así años atrás. Ese es un indicador contundente de cuánto se avanzó”, dijo.

Lo viejo y lo nuevo

“El desafío es hacer agronomía en base a los principios de la ecología. Cuando uno ve que en el mundo natural existen 250 mil tipos de relaciones, procesos, sinergias y vínculos, que forman una gran complejidad que es importante conocer para saber leer e interpretar para luego dar fundamento a la agroecología, entiende que trata de un concepto que suma lo ambiental, pero también lo humano y lo social. Es la suma de los viejos conocimientos con la ayuda de los nuevos, ante el desafío de producir respetando los principios ecológicos”, definió el licenciado.

“Cuando no estaba presente el modelo actual, que es diseñado y responde a intereses bien claros como el que proponía la revolución verde, la gente no necesitaba que le hablen de agroecología porque la vivía. El campo estaba habitado, había cremerías, escuelas y casas. En ellas había caballos, chanchos, corderos, chivos, gallinas, pavos y patos. Tenían quintas, frutales y sembrados. Eso era la agroecología. Era conocimiento ancestral y no hacía falta un teórico para que baje conceptos sobre cómo trabajar”, rememoró y definió que “para el cambio de modelo no se hizo una consulta popular. Hubo una puja en la que triunfaron los más poderosos que derrumbaron ese sistema y modelaron el actual, lleno de baches, en el que la única variable que interesa es la rentabilidad”.

“Ahora retornamos a los principios agroecológicos lo que no significa, como a veces nos chicanean, volver al arado de mancera. No es volver a vivir en el campo con carencias como marginal. Es ser crítico de lo presente y recuperar lo anterior sumando lo bueno de la tecnología, respetando la complejidad y la integralidad de los procesos que nos brinda la naturaleza”, esgrimió.

Para Lovaisa, el gran acierto del trabajo realizado en Hersilia obedece a la visión transversal del conflicto que dividía aguas y enfrentaba a productores y vecinos. “Esta pandemia nos hizo salir de la vorágine y analizar lo realizado hasta el momento. En esta localidad se construyó mucho y el abordaje a través de una trama interinstitucional es lo que le posibilitó el desarrollo y le garantiza el futuro a este tipo de iniciativas”.

El especialista asegura que, en un análisis introspectivo, “actualmente hay mucha demanda de asesoramiento para desarrollo de emprendimientos agroecológicos y lo importante es evaluar quiénes son los actores. Esto tendrá a corto plazo un efecto multiplicador que, a su vez, moviliza a los profesionales. El ingeniero agrónomo que se desempeña en nuestra zona muchas veces pone en juego su prestigio y la mirada social cuando comienza a pisar un terreno para el cual no fue preparado. Eso pasa y pasará durante mucho tiempo”.

“Hay que ser cauteloso y evitar emitir juicios acelerados. Los procesos no son pacíficos, hay lugares en los que hay conflictos muy tensos, con altos niveles de agresión en donde hay que empezar a construir desde los escombros. Pero como contracara hay que ver que hubo muchos avances. Hoy vemos, por ejemplo, que en la institución para la cual trabajo tiene dos centros experimentales con módulos agroecológicos. Con matices y discusiones, pero se concreta algo que era imposible plantear hace unos años”.

Los profesionales

“Muchos agrónomos y veterinarios vimos en la agroecología una posibilidad de dar el enfoque que necesitábamos a nuestras profesiones”, remarcó Brian Murphy, un ingeniero agrónomo que integra la Red de Técnicos en Agroecología del Litoral y, junto a su colega Violeta Paganni, asesoran en el proceso de transición agroecológica de Hersilia. “El actual sistema es injusto en diversos aspectos y los profesionales también somos afectados. Hay cada vez más especialistas a quienes no les cierra el modelo de agronegocios como está planteado en Argentina. A raíz de eso reflexionamos y deliberamos sobre nuestra situación como técnicos y trabajadores del sector. Es así que vimos en la agroecología una posibilidad de darle el enfoque que necesitábamos a nuestras profesiones y conformamos la red de técnicos”, describió Murphy.

En ese momento, en Hersilia habían sancionado la ordenanza de promoción de la agroecología y fueron convocados para trabajar allí, y desde entonces, viajan una vez por mes con un equipo de profesionales para asesorar y acompañar el proyecto. “Problematizamos el modelo de transgénicos y agroquímicos y queríamos darle un enfoque distinto a nuestras profesiones vinculado al reclamo de las comunidades por la afectación, no solo de los agroquímicos, sino por cómo está planteado de manera injusta e inequitativa”, graficó el ingeniero y rescató a la localidad como “un bastión en la materia que evolucionó gracias a que los vecinos se organizaron desde las bases y se transformaron en referencia para otras localidades. Generamos así un espacio que nos permite un desarrollo distinto. Nos abrió muchas posibilidades como críticos y nos permite desarrollar capacidades, visiones técnicas y prácticas de un sinnúmero de características de otro modelo de extensión. Podemos así trabajar en una localidad con las bases organizadas, con los vecinos autoconvocados, con las instituciones y fundamentalmente con los pequeños productores, además de articular con el Estado local, provincial y nacional”.


“Este proceso nos habilita a llevar adelante nuestro trabajo en un entorno muy estimulante. Desarrollamos una agronomía distinta a la que está planteada y a la visión que tenemos desde la facultad. Esta propuesta es una luz de esperanza que nos permite aplicar la agroecología, que es nuestra forma de entender la profesión”, dijo Murphy y recordó que “hace cinco años estábamos solos. No había recepción a los planteos y críticas que se hacían hacia la profesión como parte de un modelo agropecuario. Había mucha reticencia y prejuicios hacia la agroecología. Se cerraban espacios institucionales y académicos frente a estos planteos y hoy vemos que la realidad dio un giro de 180 grados. Es totalmente distinta la percepción de parte de otros colegas, instituciones y universidades”.

Según narró el ingeniero “estos espacios institucionales antes rechazaban claramente todo lo que tuviera que ver con esa disciplina y la crítica al modelo agroindustrial, aún vigente. Gracias a la lucha en todo el mundo, y particularmente en Argentina de las comunidades afectadas por el agronegocio, hoy se arribó a otra situación. Las contradicciones del sistema mostraron sus límites claros. Esa forma de producir llegó a un techo y presenta serias limitaciones en distintos aspectos”.

“Lo vemos claramente en la cuestión ambiental en relación a la contaminación, pero también con la aparición de malezas resistentes, que no se las puede combatir con el sistema químico. Es un modelo que no tiene más herramientas para proponer”, argumentó y consideró que “esta crisis lleva a una situación límite que hace que todos comiencen a ser más receptivos a los planteos que se hacían desde diversos lugares”.

Repensar la capacitación

“Ahora hay muchísimos cursos y profusa participación de actores que antes rechazaban la agroecología y hoy comienzan a ver las ventajas de sus principios, de la utilización de los bioinsumos, los cultivos de cobertura y las herramientas para otro tipo de labranzas. Mientras tanto, los profesionales estamos en situación de repensar nuestra formación que claramente se dio en paralelo con la liberación de la economía, con la imposición de los transgénicos y los insumos vinculados a las empresas transnacionales”, remarcó Murhpy y aseguró que “fue un proceso que también colonizó a la universidad pública. Por ejemplo, muchos de los que nos recibimos como ingenieros agrónomos en distintas universidades del país cursamos la carrera sin la materia de microbiología de suelos porque la habían quitado de los planes de estudio. Hoy esa disciplina es la base de la agroecología”.

Por esa razón, los profesionales sensibles a los reclamos se vieron en crisis y se vincularon para encontrar herramientas que den respuestas a las necesidades de un sinnúmero de localidades. “Se organizaron y plantearon propuestas frente a los atropellos y al avasallamiento del modelo químico y transgénico a gran escala”, enfatizó el agrónomo y remarcó que “esto se refleja ahora en el aumento de las consultas, tanto de vecinos afectados como de autoridades”.

Además, dijo que “es increíble la cantidad de productores que comienzan a estudiar e investigar la posibilidad de producir de otra manera porque son los primeros que ven las consecuencias de este modelo en el suelo, en las personas y en lo económico. Muchos de ellos llegan acobardados por el costo de los paquetes tecnológicos vinculados al sistema transgénico y el uso de agrotóxicos, que en la medida que incrementa sus costos excluye a quienes lo utilizan”.